Tenemos que cambiar de electores ya que no podemos cambiar de elegidos

En la Constitución del 78, se le reconoce el derecho a sufragio activo y pasivo de toda persona física y de nacionalidad española. Sólo se pierde por sentencia judicial firme. Derecho de sufragio activo es el que tiene toda persona a elegir con su voto de forma directa y secreta, a quien quiere que le represente en las instituciones públicas los siguientes cuatro años. El derecho de sufragio pasivo es el que tiene toda persona a ser elegido con votos, de forma directa y secreta, por parte de quien quiere que le represente en las instituciones públicas los siguientes cuatro años.

En las últimas elecciones generales, las que se tienen que repetir el próximo 26 de junio porque no sirvieron, votaron 25.350.447 personas, un 73,2% del censo. Se abstuvieron 9.280.639 personas, un 26,8%. Los ciudadanos españoles sin derecho a voto cuya edad oscila entre 16 y 18 años es de 1.672.479. Los extranjeros trabajando en España sin papeles y, por tanto, no censados, ronda el millón de personas, 971.864. Cotizan y no existen. Entre votos en blanco y nulos, sumaron en las elecciones del 20-D 412.662 voluntades. Haciendo una suma simple, hay una masa de posibles electores de 12.337.376 que, en caso de votar (y querer hacerlo ni por convicción ni por arrepentimiento, sino por necesidad), cambiarían mucho las cosas.

Haciendo un esfuerzo de divertimento irrealizable, pensemos. Dado que está visto que nuestros políticos son incapaces de pactar, que viven en la máxima de que  “o gano y gobierno o bloqueo” y que anteponen los intereses de sus respectivos partidos al sentido de Estado, propongo cambiar de electores. Ninguno de los líderes quiere perder su silla para obtener un beneficio común. Lo hizo Artur Mas. Costó, pero lo hizo. Los medios de comunicación catalanes denuncian estos días la falta de criterio político español que tiene capacidad nula de pactar. Cataluña lo hizo, en tiempo de descuento y prescindiendo de un Presidente, pero lo hizo. Llevan razón los medios de comunicación catalanes.

Haciendo periodismo-ficción, los 12.337.376 posibles electores, podrían votar de derecho el próximo 26-J si se cambiaran algunas normas administrativas menores. Esto supondría casi un 45% más de votos que el 20-D. Volcando los votos a escaños por nuestra ley de proporcionalidad, tendrían votos suficientes como para formar un partido político independiente, ganar por  mayoría absoluta, formar Gobierno monocolor y mandar a todos los demás a la oposición. ¡¡¡Genial!!!.

Sin hacer tanto periodismo-ficción, existe un estudio realizado por la UPF de Cataluña, que recoge parte de los datos que menciono en este artículo (mucho más en serio, por supuesto) y realizado para las últimas elecciones autonómicas catalanas. Extrapolando y cocinando los datos que se desprenden de ese estudio, la izquierda radical (IU y Podemos) sacaría 41 escaños más, la izquierda moderada (PSOE) obtendría 31 escaños más, la derecha muy liberal y moderada (C,s) sacaría 19 escaños más y el PP sacaría 12 escaños menos. Los datos se han cocinado promediando los dos resultados electorales; el del 20-D y los posibles del 26-J.

Seguramente por eso, la derechona española es tan refractaria a los cambios de mayoría de edad electoral, a legalizar extranjeros cotizantes y trabajadores y a las minorías sociales. Seguramente por eso, la derechona española tiende una muerte cercana e inevitable, exactamente igual que los límites tiendes a infinito. Y si no, que se lo pregunten a Rivera.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *