Todos somos culpables

El siglo XXI se ha convertido en el siglo de las nuevas tecnologías. Con un solo click podemos acceder a cualquier tipo de información o conectar con alguien que está en la otra punta del mundo a través de un elemento que en algún momento cambió nuestras vidas para siempre: Internet.

Hemos remplazado el correo postal por el correo electrónico; el telegrama por el WhatsApp; la enciclopedia de doce tomos por la Wikipedia, las plazas de los pueblos por el Facebook, y a ese abuelo que lo sabía todo por el Google… Hoy, ya nadie compra un periódico para saber las últimas noticias porque ya las sabe, y nadie se para en una cabina telefónica porque lleva encima un Smartphone de última generación al que no le falta detalle.

Con la implantación de estas nuevas herramientas, cada uno de nosotros se ha convertido en un periodista con dotes de analista político y económico, al mismo tiempo que juez y fiscal de cualquier causa social que se mueva en redes sociales. Todos sabemos de todo y si no sabemos algo siempre estamos a tiempo de inventárnoslo, lo importante es sentar cátedra, con o sin argumentos, con o sin razón.

Esta semana nos enterábamos a través de las redes sociales de la muerte de José Luis. Amante de los animales, había dedicado toda su vida a trabajar con los delfines, hasta que un video de dudosa credibilidad saltó a la palestra y creó una campaña en su contra con un trágico final. El video será cierto o no, lo que sí lo es, es que José Luis ya no podrá volver a cuidar de sus delfines.

Como José Luis, existen muchos otros hombres y mujeres: políticos, sacerdotes, militares, pintores, fontaneros o de cualquier otra profesión, todos ellos con familia, que han sido condenados sin ningún tipo de prueba por una sociedad para la que el morbo y saña prevalece sobre la justicia y la presunción de inocencia. El que la hace, la tiene que pagar, pero para que eso ocurra es el Estado de Derecho quien debe decidir, o por lo menos, quien debería hacerlo.

La inmediatez y la contraposición de opiniones nunca pueden estar por encima del respeto y el contraste de la información, ya que un error puede convertirse en un daño irreparable como ha ocurrido esta semana. Las nuevas tecnologías y las redes sociales pueden ser muy buenas, pero también pueden ser muy malas, en la consciencia de cada uno está el ir en un sentido o en otro.

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