Traición y traidores

España es un país de traidores. No es una afirmación mía, es una constatación como resultado de un análisis de los discursos y declaraciones de los representantes del pueblo español, de la mayoría social, en estos últimos meses, en estos más de 300 días desde diciembre del año pasado. ¡Traición! En boca de nuestros políticos ha sido la palabra “traidores” una de las utilizadas para calificarse unos a otros.

Lo chungo del caso es que, los argumentos aducidos para calificar al adversario con este adjetivo, se podían volver contra aquellos que los esgrimían para ser ellos también tildados de “traidores”. Todo ello me lleva a la conclusión de que España es tierra de traidores. Todos lo somos según el parecer de algunos.

Esto no es muy serio.

La verdadera traición está en ocultar las intenciones, finalidades y motivos de nuestras acciones u omisiones. La verdadera traición está en los servidores públicos que se sirven a sí mismos y no al ciudadano. La verdadera tradición se encuentra en los que favorecen a un sector minoritario de la sociedad. La verdadera traición es servir a las multinacionales y a sus poderes clasistas sin rostro ni corazón.

Ahora llega el momento de demostrar quién es o no es  traidor.

Se puede abrir un nuevo estilo de gobernar y también de legislar. Todos vamos a estar pendientes de lo que ocurra en la Moncloa y en las Cortes,  en  argumentaciones y en decisiones, en sus palabras y en sus acciones. Las caretas y las máscaras no van a esconder nada, porque todos van a estar desnudos. No valdrán disfraces. Si los ciudadanos contemplamos el panorama sin actuar seremos también unos traidores a nosotros mismos, a nuestra sociedad y al futuro.

De todos y de cada uno de nosotros depende de seguir la tradición de la traición. No nos quejemos si España sigue siendo un país de traidores.

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