Una más del SOIB

Abandoné mis estudios e investigaciones sobre el mercado de trabajo a finales de 2007, justo a las puertas de la gran crisis económica. Desde entonces he seguido su evolución a distancia, con el interés que pueda tener uno por los progresos de una sobrina querida con la que mantiene poco trato. De manera general, he venido percibiendo y padeciendo, como todos, las espantosas consecuencias de la crisis en todos los ámbitos de la vida pública y privada, y muy particularmente en el deterioro de las relaciones laborales tras la aplicación de las rabiosas políticas austericidas aplicadas por el PP.

Hace cosa de un año empecé a acompañar a mi pareja (mujer, mayor de 45, parada de larga duración), en su peregrinaje y calvario de entrevistas con orientadores laborales y trabajadores sociales. Quedé espantado con la escasa preparación profesional de los primeros y la burocratización y falta de sensibilidad social de los segundos, atentos más que nada al control administrativo del parado, sobre todo cuando hay alguna prestación de por medio, y proclive a culpabilizar al pobre desempleado o desempleada de su penosa situación laboral a poco que le dé por protestar. Al parecer, la degradación del mercado había alcanzado su cota correspondiente en la propia administración pública.

El epítome lo puso esta semana la convocatoria que recibió del SOIB, una convocatoria efectuada por sms que empezaba con la amenaza conminatoria de la obligatoriedad de la asistencia, seguía con las indicaciones de fecha, lugar y hora y terminaba omitiendo el objeto de la reunión. Es decir, no decían para qué pero amenazaban con mandar al primer círculo del infierno de Dante a todo aquel que pensara pasar de la reunión, sobre todo a aquellos que cobraran algún tipo de prestación o ayuda.

Mi pareja acudió presta, pero harta ya de tanto trajín “proactivo” (aberrante neologismo donde los haya) de tan poco resultado. Su percepción es certera: las políticas activas de empleo han servido, mayormente, para colocar a una legión de orientadores, trabajadores sociales, administrativos y empresas mediadoras. Y poco más. Lo que se encontró allí fue a una funcionaria vestida como si estuviese de copas en un chiringuito de playa, que explicó con mucha desgana y poca coherencia argumental la última ocurrencia tenida para colocar precariamente, y por un periodo no mayor de seis meses, a un ramillete de talluditos parados y paradas de larga duración. Y encima se permitió bromear con la amenaza inferida, única forma de conseguir aforo suficiente. Lo que, de paso, dice muy poco sobre el crédito social del SOIB.

Y concluyo. Decía Balzac que la mediocridad no se debería imitar, pero visto lo visto está claro que nadie de nuestro gobierno de izquierda ha leído a Don Honorato. Una administración de izquierdas no debe distinguirse sólo por sus políticas sociales o económicas sino sobre todo, y antes que nada, por su trato a la ciudadanía.

2 comentaris a “Una más del SOIB

  1. Una vez más se demuestra cuan necesaria es la descripción de lo cotidiano para comprender aquello que con los números ni siquiera sospechamos.

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