Una previsión política plausible

El ecuador de una legislatura suele ser,a falta de imponderables ajenos al poder político, un reflejo de su final. Por ello este ejercicio tan extemporáneo, a pesar de sus riesgos, podría resultar creíble de cara a 2015. Centrándome en las tres últimos resultados electorales en el municipio de Palma -de Mallorca- años 99, 2003 y 2007- que como sabemos es la plaza que augura el poder en las cuatro islas, deduzco que el Número Efectivo de Partidos Políticos (NEPE) -índice con el que Giovanni Sartori mide la concentración o fragmentación del voto- ha sido de 3’37, 3’18 y 2’76, respectivamente. Es decir, el poder político se ha ido concentrando cada vez más en un número cada vez menor de partidos: PP, PSOE y la coalición de partidos nacionalistas progresistas, una vez disuelta judicialmente Unión Monetaria.

El panorama político para 2015 muy probablemente rompa esa tendencia de elecciones de continuidad hacia otras excepcionales que acerquen el NEPE al 4. Apoyo mi teoría en varios indicadores: la prolija conflictividad social que afecta prácticamente a todos los sectores de actividad, siendo el retrato empresarial del 20 de marzo frente a las medidas fiscales del Govern una muestra – insólita- más de ese descontento social. De otra parte, las estrategias diseñadas por los partidos políticos en nuestras islas son perfectas para la fragmentación del electorado: el PSIB-PSOE parece haber adoptado la del “¡Disuélvanse!” con que “los grises” acometían las manifestaciones cuando éramos aspirantes a bachiller; el PP es rehén -como antes lo fue el PSOE- de las políticas económicas que Merkel le encarga a su bedel Montoro y éste transmite a los consejeros autonómicos; la izquierda econacionalista consolida sus alianzas bajo la denominación de unas siglas – “Més per Mallorca” aglutinando el voto antes más disperso y combatiendo los efectos adversos de la Ley d´Hondt. Mientras Fina Santiago y Biel Barceló hacen una buena oposición en el Parlament. De otra parte, Josep Melià, Font y Pastor marcan diferencias abismales con el PP castizo de Bauzá y su cinegético conseller de Turismo, mostrando un apego afectivo a estas islas que los otros no alcanzan a comprender. Todo lo cual confirma que no es preciso buscar inteligencia en el espacio cuando la hay -aunque mal repartida- en la Tierra. O dicho en otras palabras, hay partidos políticos empeñados en no indagar en el razonamiento de sus electores para comprender su comportamiento electoral aun y a pesar de los muchos signos externos que lo vaticinan.

Todo lo anterior es indiciario de un cambio electoral, de una distribución del voto más compleja y fragmentada, de una mayor heterogeneidad del comportamiento del electorado y de otros aspectos más profundos del sistema político balear de partidos, que apuntan en la línea de la ruptura de la habitual estabilidad institucional política Balear, en la que UPyD también puede tener una oportunidad.

La polarización, o distancia ideológica que separa a las diferentes formaciones, es otro indicador que también está conformando criterio. En Baleares es pequeña y está por debajo de la media nacional, no obstante la lengua -el catalán- es el cemento con el que se podrían llegar a juntarse bloques nacionalistas y regionalistas antagónicos aprovechándose de la nula sensibilidad con que Bauzá y el secretario general del PP están gestionando los guiños que se reclaman desde los sectores populares de la Part Forana. O dicho de otra forma, el poco tacto que se está dispensado al catalán favorece la volatilidad entre bloques, permitiendo la transferencia de votos de habituales populares hacia Més y El Pí y creando las condiciones favorables para un encuentro entre estas dos formaciones -más allá de la lengua – que, de ser inteligentemente gestionadas podrían conseguir aparcar las reivindicaciones de los sectores más radicales de ambas formaciones y conformar una coalición temible para PP y PSOE.

Por otra parte la crisis económica es otro factor decisivo más para desarticular la barrera ideológica existente entre izquierdas y derechas. Otro de sus efectos podría consistir en propiciar la aparición de una corriente doctrinal regionalista moderada como la comentada, más sensible a la conservación del medio ambiente -de carácter más o menos coyuntural- que podría privar a PP y al PSOE de la iniciativa de cara a coaliciones de gobierno.

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