Y Gustavo Adolfo Bécquer también tenía razón

¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos! Probablemente una de las conclusiones a las que llega el poeta, preludio de lo que le significaríapasar de lleno por el mismo corazón que un día alcanzó su más dura exigencia. Tenía 34 años desde que naciera a los pies de la Giralda sevillana. Aquel periodista ocasional que emborronaba páginas y más páginas con sus Rimas, mayormente en versos consonantes, puso siempre de manifiesto que la realidad puede nacer impensablemente de la irrealidad que pretende defender el valor de un sueño o la locura en la que quieren vivir y de la que quieren escapar porque la realidad es otra cosa.

El próximo domingo 25 de marzo, se cumplirá un mes desde que otro narrador de la vida nos dejara tras dos años de lucha porque la realidad no se saliera con la suya, y sin embargo tras horas y horas de programación televisiva y radial, amén de páginas y más páginas de tinta sobre el papel, tan solo habrán transcurrido treinta días del amargo acontecimiento. Murió, ¿y quien ahora se acuerda de él?

Pablo Ráez, andaluz como Bécquer, despertó el alma dormida de ciudadanos de muchos mundos pidiéndoles su solidaridad para ser donantes de médula y conseguir cambiar la realidad momentánea que le tocaba vivir por un sueño mecido en una pizca de locura. Luchó hasta el final desde que a sus 18 años se le fue diagnosticara la enfermedad a la que siempre se enfrentó. Fueron dos años en los que no regateó esfuerzos para proclamar su verdad… lo que él estaba padeciendo a las puertas de un fatal desenlace no lo quería para nadie que pudiera encontrarse en su misma situación. Allá a donde los fármacos no llegaban, si lo haría la voluntad de una gente que despreció el temor a un pinchazo y donar algo que a ellos les sobraba frente a quienes lo estaban necesitando.

37 años de mi vida los dediqué a compartir con seres humanos que al fin se convertirían en compañeros en una travesía por conseguir voluntades encaminadas a salvas vidas mediante la donación de sangre, y aunque hasta ahora nunca precisé de una transfusión, más de UN MILLON en Baleares si necesitó de esa solidaridad en forma de bolsa que contenía un líquido de color rojo oscuro. Hay elementos de un organismo vivo en los seres humanos en que no pueden ser sustituidos por fármacos, y la donación de médula es uno de ellos. Y lo más maravilloso del donante es que sí sabe para qué quiere la donación pero nunca esperará saber para quien.

Pablo enarboló una bandera que lleva camino de quedar sembrada en el monte del olvido a pesar de que apenas han transcurrido treinta días desde su adiós, pero sus palabras, sus gestos, sus invocaciones a despertar sensaciones calaron hondo en una población humana ávida de recibir el bendito deseo de la siembra en sus corazones.

El poeta posromántico por excelencia también estuvo postrado en el lecho y durante nueve meses pudo cristalizar sus deseos de transcribir esas sensaciones de la que siempre hizo gala. Pablo necesitó dos años para hablar con palabras cortadas por el filo de una realidad a cuyo resultado se aferraba. Removió los espíritus de muchos y se resignó para luchar por su favor mientras se dedicaba a los demás.

Dejó escrito mientras decía: “Puedes usar las redes (sociales) para ligar, postureo, entretenerte, informarte, etc. y no lo crítico). Pero úsala también para hacer un mundo mejor y colabora por hacer más humanas a las personas“.

Llegó a manifestar:”Dan ganas de tirar la toalla, de dejar de sufrir“, pero no lo hizo.

Ya nadie habla de Pablo Ráez, no es noticia, sin embargo entre la gente de bien siempre guardaremos su imagen y sus gestos, esos que han conseguido despertar y alentar conciencias. Quisiéramos que en su caso como en el de otros muchos más, nunca se cumplan los dos versos del poeta sevillano… ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *