YAK 42, el Consejo de Estado y Pablo Iglesias

Tómese la metáfora sin acritud, pero es un clásico imaginar las ratas huyendo de un barco que se hunde. Véase usted de pie, en medio de esa estampida de roedores que le rozan las piernas en su carrera, y una mezcla de miedo y risa le romperá el sueño mientras tiembla.

Sobre el YAK 42, un hecho tan cruel, leo a Ekaizer y descubro que el informe fue solicitado al Consejo de Estado el 8 de octubre de 2014 y que se terminó y entregó al Gobierno el 21 de octubre de 2016. Dos años. Y, para rematar, todos sabemos que solo se conoció gracias a una filtración en enero de 2017. Acudo al tal Consejo y compruebo que entre sus miembros hay del PP, conchabados por interés o disciplina, y algunos del PSOE, como Ledesma, Zapatero, Fernández de la Vega o Rodríguez Ibarra. O me equivoco, o todos con Susana. Acto seguido recuerdo, y resulta que el día 21 de octubre el PSOE acababa de sacrificar a Sánchez, lo que dolía y lo que dolerá, y Rajoy estaba en funciones.

Sigo con lo del barco que se hunde y, si fuera abogado, presentaría denuncia contra los 31 miembros del Consejo de Estado para que en sede judicial contestaran a esta pregunta: ¿Qué día conoció usted el informe sobre el YAK 42 elaborado por el Consejo al que pertenece?

Y si fuera ciudadano español también soñando me haría esta: ¿Habrían votado los diputados del PSOE investir a Rajoy con su abstención el sábado 29 de octubre si ocho días antes, tal como mandan la verdad y la democracia, se hubiera conocido el informe del YAK 42?

Y no sé qué haría en este momento si fuera diputado del PSOE y descubriera que algunos de mis dirigentes me ocultaron la verdad para no obligarme a elegir, aquel terrible sábado, entre votar como un cómplice, indecente y desnudo, o dormir tranquilo.

Actualización martes 17 de enero.

Título: Pablo Iglesias pidiendo perdón al PSOE para no perder Podemos

Ayer, una Cospedal calculadora y fría le robó la mitad de la pantalla a Bárcenas a costa del YAK 42, y hubiera pedido un millón de perdones si con ello hubiera conseguido contrarrestar el entretenido programa de Wyoming en La Sexta, único medio que supo esquivar la trampa.

En el otro extremo consiguió brillar Pablo Iglesias. Acto seguido, una cascada de aduladores ciegos elogian su intervención en los foros, incapaces de analizar que su jugada consistió en intentar recomponer su figura, destartalada por la crisis de Podemos, de la que es máximo responsable. De sus palabras, destaco dos ausencias: La primera, no citar a Bono, culpable por no buscar los contratos mientras fue ministro. La segunda, no denunciar lo que cuento en la primera parte de este artículo. Pero claro, estos dos asuntos, aunque sean verdades incontestables, no resultan oportunas.

¿Pedirá algún día Pablo Iglesias perdón a todos los españoles por no elegir lo menos malo cuando la investidura de Sánchez, y condenarnos a ser gobernados por una banda de delincuentes que, gracias a su error, o quizás ambición tan ciega como la de sus seguidores, siguen blindados?

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